Mi amor es el mar
Cuando tenes casi 40 y ves algo por primera vez (o casi) realmente es algo sorprendente. Digo casi porque, en realidad, yo ya había ido una vez al mar. Pero era tan chica que, más que recuerdos, tengo flashes muy, pero muy breves. Así que cuando llegué a Máncora hace dos meses para mí fue la primera vez. Y como toda primera vez fue sorprendente.
Para alguien cuya única referencia sobre el mar era haberlo visto en videos y fotos pisar la playa y ver esa masa viva de agua que iba y venía con voluntad propia fue absolutamente alucinante. Nunca pensé que pudiera tener esa fuerza, que pudiera moverse de ese modo. Me resulta difícil hallar las palabras para describir mis sensaciones al ver semejante espectáculo. De mas está decir que casi me desesperé de ganas de meterme a probar como era bañarse en semejante turbulencia (las olas son bastante fuertes aquí). Así que armé mi carpa (sí, en la playa), me cambié la ropa por el traje de baño y me aventuré. Y ahí me llegó un recuerdo... Uno mas claro y palpable que los anteriores. Uno que me contaron mil veces, que yo misma conté mas de una vez repitiendo lo que había oído pero sin recordar exactamente como había sido. El recuerdo de haber sido barrida por la fuerza del mar y terminar hecha una bola (esta vez sin gente encima mío) en la orilla. Sí, así como lo leen: me metí al mar y el mar me mandó afuera. Creo que nuestro amor no es mutuo. De hecho lo hizo varias veces. Aún ahora, dos meses después, sigo tratando de entrar un poco mas y resistir. Sin éxito, debo decir.
Así que ahora solo me falta conocer la selva amazónica, ya qie montañas y mar han dejado de estar en mi lista.
Y ustedes tienen alguna sugerencia de lugares para conocer?
8 meses y contando

Comentarios