Y el amor, el amor...

Mas de una vez me preguntaron... Crees en el amor a primera vista? Mi respuesta suele ser: acaso hay de otros? (y sí, Ismael sigue siendo una gran influencia en mi vida). Y en estos últimos tiempos descubrí que es verdad. Porque me enamoré un par de veces desde que salí de viaje. 

La primera fue de San Marcos Sierras: me enamoró su lecho seco del Río donde pasé una tarde maravillosa. Me enamoré de su paisaje, de la calma y la quietud, de sus silencios que me llenaron de paz.

Luego fue Amaichá, con su gente generosa y amable, sobre todo los dueños del camping Tía Melchora, donde estuve casi dos semanas y que me hicieron sentir parte de su familia. De los amaneceres mágicos con sus colores de fantasía. De las noches en la plaza, con los artistas trashumantes que pasaban por ahí para regalar un poco de su arte. 

Y hace un poco más de un mes me volví a enamorar de Cusco... de la belleza circundante, de la cultura y la historia que asoman en cada esquina. De la calidez de sus habitantes... cada vez que salgo a la calle en el bar donde estoy trabajando las vendedoras que están en la calle, que tienen unas artesanías maravillosas, me saludan (ya por mi nombre) y me consultan como estoy (hace semanas que me oyen toser). No recuerdo haber pasado eso Buenos Aires. Es más creo que allá, salvo mis amigos (los de verdad, los que me mostraron que realmente son amigos), mis hermanas y mi hermano es poca la gente que me recuerda. En la ciudad de la furia me he cruzado diariamente con muchas personas y jamás han tenido para conmigo la calidez que tiene la gente de Cusco. 

El amor a primera vista sí existe. Y espero seguir enamorándome el resto del camino...

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